Basta ya de ‘storytelling’

Cómo construir una narrativa auténtica para tu bodega sin esconderte detrás de los anglicismos

Quizás te sorprenda el título de este post viniendo de una persona que se dedica a la comunicación estratégica para bodegas, de alguien que no puede estar más convencida de que una narrativa propia, auténtica, honesta, clara y directa es el mejor motor para un negocio. ¿Pero entonces? Pues para empezar por un tema puramente lingüístico, porque habiendo palabras como narrativa o relato, no entiendo por qué hace falta importar otra que dice lo mismo y que, encima, casi siempre pronunciamos con acento de Valladolid y alrededores.

Aún más importante que el tema lingüístico es que los palabros en inglés pueden terminar afectando a la confianza y eso es algo vital, algo de lo que no podemos permitirnos prescindir en comunicación, pero hay que ganársela con claridad, con honestidad y sin pedir saltos de fe.

En mis años de profesión, he asistido a reuniones con bodegueros donde no se paraba de hablar de branding, de rebranding, de customer journey o de brand awarness y después aparecían las siglas: que si los kpis, los ctas, el roi… He visto cómo las caras se iban pareciendo a la que pongo yo cuando voy al taller y me hablan de que tengo que cambiar la mítica junta de la culata. Alguno debía pensar, como empiece yo a hablarle a este de desborres, de mugrones o de renques va a flipar, que yo también me sé palabras raras… Total, un drama.

Cuando necesitas que alguien te dé la solución a alguna de tus necesidades, lo último que quieres es que te hablen en otro idioma y lo que inmediatamente piensas es que te la va a colar. Desconfías porque no entiendes. Normal.

Si un profesional que conoce perfectamente lo que son todos esos palabros, te escucha, entiende cuáles son tus problemas y tus necesidades y te habla de cómo vas a poder solucionarlos a través de esas herramientas, de cómo te pueden servir a ti, a tu caso concreto, con qué objetivo los vas a aplicar en tu bodega y cómo van a solucionar alguna de tus necesidades, pues las caras cambian y la confianza es más fácil que llegue.

Por eso a mí no me oirás hablar de storytelling, a mí verás diciéndote que tenemos que darle forma a la historia que hay detrás de lo que eres y de lo que tu haces, y que tenemos que pensar juntos a quién le vamos a contar esa historia, cómo lo vamos a hacer, qué herramientas creo que son las mejores para ti y qué resultados vamos a obtener. Y luego, cuando tengamos la estrategia lista, yo me encargaré de implementarla, tranquilo.

No me pidas saltos de fe

Yo al del taller no le pido que me enseñe a cambiar la junta de la culata, pero sí quiero entender cuál es el problema, cuál es la solución que me propone, cuánto va a tardar en implementarla y cuánto me va a costar, sin sentir que estoy haciendo un salto de fe y me van a sacar el dinero para nada. Pues con la comunicación de las bodegas, lo mismo.

Lo que pasa con la comunicación y el marketing es algo un poco más complicado que lo del taller porque ahí está claro: hay un problema, se cambia la pieza y listo, tema resuelto y a otra cosa. En comunicación los resultados no son estímulo-respuesta, a veces no son inmediatos, son un proceso y por eso es especialmente importante entender bien desde el principio todo el camino que vas a recorrer, lo que estás haciendo, por qué lo estás haciendo y estar convencido de que es lo que quieres. A veces hay que tener paciencia y confiar en que vas bien. Esto es lo mas difícil, sí.

Mantener la calma para no perder la identidad

Fijarte en los pequeños logros que vas consiguiendo y medirte respecto al punto de partida, no solo respecto a lo que aún te falta para alcanzar todo lo que quieres, son dos buenas formas de calmar los nervios. No mantener la calma cuando hablamos de estrategia y comunicación nos puede llevar a dar bandazos de un lado para otro o a imitar a otros renunciando a lo más valioso que tenemos: nuestra identidad, eso que nos hace únicos y que nadie más tiene.

Transmitir nuestro origen, nuestro territorio y eso que hace diferente a nuestra marca frente a cualquier otra. Hacerlo de forma clara, directa y accesible, sin inventar nada, sin impostarlo.

Encontrar un tono propio. Uno en el que nos sintamos cómodos y que nos represente de verdad. Que esté presente de forma coherente en todo lo que comunica la bodega: desde la imagen de la botella hasta la web, una visita, una nota de cata o una publicación en redes.

Llegar a las personas adecuadas. A nuestros potenciales clientes. Y conectar con ellas desde lo que somos, no desde lo que creemos que deberíamos parecer.

Todo eso es narrativa.

Lo demás es contar cuentos.

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